martes, 26 de octubre de 2010

CARTA DE UN SACERDOTE CATÓLICO AL NEW YORK TIMES

Querido hermano y hermana periodista:

Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos.. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.

¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en México mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños...

No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio.

Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región…Ninguno pasa los 40 años.
No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…

Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.

Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza.
Eso lo hará noble en su profesión.

En Cristo,

P. Martín Lasarte sdb

miércoles, 20 de octubre de 2010

BLOOD MONEY

"Blood Money", El negocio oculto del aborto

14-10-10 09:23

Esta interesantísima película documental, escrita y dirigida por David Kyle, supone una aproximacióntécnica al tema del aborto en el contexto norteamericano, aunque con proyección internacional. Con técnica queremos decir que se trata de una lectura con vocación de objetividad desde las perspectivas biológica, jurídica, económica y médica. La doctora Alveda King -sobrina de Luther King- hace de cicerone en esta película, por la que desfilan biólogos, juristas, teólogos..., así como mujeres que han abortado o ex-directivos de empresas abortistas. El resultado es un mosaico impactante de la realidad del aborto; no de lo que se dice o piensa sobre él, sino de su realidad concreta y cotidiana. La gran virtud de este caleidoscopio es que en ningún momento cae en el sensacionalismo o la demagogia. Tampoco encontraremos imágenes sanguinolentas de fetos. Sin embargo, el Ministerio de Cultura la ha calificado como para mayores de 18 años, lo que pretende impedir que la vean las mismas menores a las que la nueva ley permite abortar. El film comienza con datos biológicos sobre el inicio de la vida humana en la fecundación, y nos hace ver, a partir de ese hecho científico, cómo el aborto legalmente sólo responde a la invención de un falso derecho que no se enraíza en la realidad, sino que, en Estados Unidos, surge de la nada por obra y gracia de unos jueces que contradicen a la propia Constitución americana, y extrapolan la Sentencia del caso Roe vs. Wade (1973) para inventarse una doctrina que da la espalda a la realidad.

El documental da un paso más, e informa de que los más afectados por esa legislación fraudulenta son la población afroamericana y latina. Los números son tan elocuentes que es imposible no ver una voluntad racista y eugenésica: el aborto diezma a estas poblaciones. Las clínicas abortistas se levantan en los barrios no blancos de las grandes ciudades, así como en los campus universitarios. Y de ahí el film nos lleva a lo más original y espeluznante de su propuesta: el negocio del aborto. Anticonceptivos deliberadamente defectuosos se ponen en el mercado para generar una ola de embarazos no deseados. El objetivo de las empresas es conseguir X abortos al día, y sus empleados hacen cualquier cosa para alcanzarlo: incluso diagnosticar embarazo donde no lo hay, para cobrar por una falsa intervención. Estos relatos se combinan con testimonios de mujeres que fueron víctimas de Planned Parenthood, y de otras que fueron ejecutivas de esa empresa, y de ambas escuchamos declaraciones estremecedoras.

El documental es muy pedagógico, y va dirigido no tanto a los convencidos como a los indiferentes que, sin mala voluntad, se han tragado el discurso oficial de que el aborto es una decisión soberana de la mujer. Este documental muestra que el discurso feminista oculta la verdadera realidad del gran iceberg: el aborto es un crimen organizado al servicio de grandes empresas que han logrado pervertir a la mismísima ley.
En la edición española, los distribuidores han añadido al final unas declaraciones de Ignacio Arsuaga, Benigno Blanco, Jesús Poveda y Alicia Latorre que a muchos les puede parecer que rompen el tono y la unidad del film. Lo cierto es que le da un tono político que puede predisponer innecesariamente contra la película. Aunque lo que dicen, muy especialmente Benigno Blanco, es coherente con el resto.

Artículo de Juan Orellana

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